Los pilares del Slow Life

Descubre los pilares principales del Slow Life: una vida lenta es felicidad eterna.

Slow Life

La expresión “slow life” es cada vez más común en nuestra sociedad. Al ser conscientes de la infelicidad y miseria que genera una vida sin consciencia, muchos son los que empiezan a decantarse por un estilo de vida diferente. Un estilo de vida más consciente. Un estilo de vida menos hiriente.

El slow life viene para quedarse. Y lo único que realmente hace es recordarnos la existencia cuando la velocidad no era una reina. Cuando el humano, desprovisto de tanto conocimiento, vivía al ritmo de la naturaleza. Junto a la naturaleza. Bajo la cúspide de la naturaleza.

Una vida lenta no es sinónimo de aburrimiento. En la vida lenta, todo cobra un brillo especial. Los actos efectuados son mágicos. Las palabras entonadas son delicadas. Los pensamientos ya no controlan a su dueño. La quietud y el silencio son buenos compañeros. Los sentidos se calman y se refinan. Los deseos se apaciguan y no gritan. Las ganas de hacer no es tan imperiosa: queda balanceada por la necesidad básica y vital de ser. En el slow life, el individuo hace siendo. Actúa siendo. Habla siendo. Todo se emprende desde un estado de presencia completa.

¿Pero qué es el slow life?

El “slow life” no es más que aminorar el ritmo de la vida para apreciar cada cosa a su justo valor. En vez de realizar mil cosas, se hacen unas pocas. En vez de ir en contra de los tiempos de la naturaleza, se siguen los ritmos de la madre tierra. En vez de ir de un lado a otro, se aminoran los pasos y se dan con cuidado. Vivir una vida más lenta es sinónimo de riqueza. De pureza. De belleza. Todo queda realzado por la magia de la presencia.

Beneficios del Slow Life

En el slow life:

  • Prima la calidad a la cantidad: al reducir el número de tareas a hacer, podemos emplearnos por completo en lo que hacemos. ¿Qué quiere decir esto? Si son menos los quehaceres diarios, disponemos de más tiempo para realizar cada uno de ellos. Podemos utilizar toda nuestra energía en la tarea emprendida. En vez de estar preocupados por todo lo que nos queda por acabar, disfrutamos de cada paso, pues hemos decidido darle prioridad a la calidad. Ya no nos interesa la cantidad. La vida es muy corta; si la llenamos de muchas cosas, nos la perderemos sin haber disfrutado del momento. Sentiremos que siempre estamos en busca de algo, insatisfechos y desolados. Si corremos detrás de las exigencias de la sociedad, jamás viviremos de verdad. Abrumados por tantos estímulos, no lograremos enfocar nuestra atención en las cosas sencillas. Nuestra energía se dispersará en el caos y la confusión. Los milagros de cada segundo se nos negarán, pues ofuscados y avaros, estaremos siempre preocupados por encontrar algo. Inquietos por poseer algo. Temerosos por perderlo todo. Menos es más. Cuanto menos haces, más eres. Cuanto menos quieres, más feliz eres.
  • Se necesita humildad: otro pilar muy importante que caracteriza la vida lenta es la humildad. Debemos humildarnos: debemos entender que el humano no es dueño de la vida. Es más bien una creación divina de la vida. Al comprender esta verdad, nace en nosotros la predisposición y voluntad de adaptabilidad. Ya no controlamos las cosas: más bien vivimos las cosas. Ya no planificamos tanto; hacemos lo que podemos y dejamos que del resto se ocupe el cielo. Se necesita de humildad para aceptar los sucesos sin rechistar ni querer cambiar. Se necesita de humildad para aceptar los tiempos de la naturaleza y adaptarnos a ellos. Se necesita de humildad para ser paciente y no correr detrás de lo que damos por evidente. Se necesita de humildad para entender que las cosas no son un derecho, más bien un regalo del universo. A través de la humildad, desarrollamos la compasión, el amor, la bondad y la honestidad. Volvemos a ser lo que fuimos una vez: seres humanos, frágiles y vulnerables. Efímeros y mortales.

Los pilares del Slow Life

  • Es sinónimo de paz y bienestar: la vida lenta aporta tranquilidad, salud y muchas veces longevidad. Es una existencia donde no priman las riquezas materiales; se le da valor a las riquezas del corazón. No es importante ser el mejor; no es importante la posesión. En el Slow Life, los individuos buscan crecer y evolucionar con una finalidad muy sencilla: recordar su naturaleza divina. Conectar de nuevo con la bondad y la amabilidad. Utilizar los pensamientos para unir al universo entero. Al optar por un estilo de vida más lento, la meditación cobra gran valor. Todo es emprendido desde un estado meditativo. Cada paso dado, es una manifestación de alegría y de vida. Las palabras no son muchas; los actos no abundan. Todo se reduce para recuperar la calidad y la magia. En vez de hablar mucho, se valora cada palabra entonada. En vez de actuar con frénesis, los movimientos son cuidadosos y lentos. De esta forma podemos valorar lo que hacemos, lo que tenemos y lo que vemos.
  • Se aboga por una vida más sencilla: finalmente, se prioriza la vida sencilla y austera a una vida ajetreada en constante búsqueda de riquezas. Se reducen las deseos y se mira por el bienestar universal. El ego ya no es importante; hemos decidido dejar de ser sus siervos y convertirnos en sus dueños. A través de la austeridad y de la ausencia de ambición, los que emprenden el estilo de vida lento se conforman con lo sencillo y ven en cada momento algo bello. En un vaso de agua ven las montañas nevadas. En una flor ven la belleza etérea de la existencia. En la sonrisa de un niño ven la vida y su brillo. No les impresionan los coches de lujo, los viajes exóticos o los banquetes grandilocuentes; caminar es fuente de felicidad, una manzana es suficiente para sentirse contento y satisfecho, respirar aporta dicha y alegría...

En definitiva, para adoptar el Slow Life se necesita de voluntad, de sacrificio, de paciencia y de compasión. Los tesoros que traen consigo este tipo de existencia son divinos. Por ello, el esfuerzo merece la pena. Los cambios son justificados. Soltar y abandonar ayudan a volver a comenzar. No es necesario adoptar todos los principios desde el comienzo. No es necesario ser un devoto de la lentitud y de lo incierto. Pero sí que puede ser interesante adoptar algunos pilares. Dejarse inspirar por algunos actos. Tomar lo que el corazón pide con amor.

Mae Knapnougel

Fotos: Aida Venture


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